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¿Debo incluir mis filiales o plantas en la huella de carbono de mi empresa?

Para calcular la huella de carbono de un grupo empresarial con varias plantas o centros de trabajo, es necesario delimitar los límites organizativos antes de empezar a recopilar datos. La inclusión de filiales, naves industriales, unidades de negocio o participaciones en otras sociedades en el inventario de emisiones depende del estándar de reporte, pero sobre todo del enfoque de consolidación que elijamos o que sea más adecuado en cada caso.

Si una empresa cuenta con múltiples centros operativos o posee acciones en distintas sociedades, no existe una única respuesta predeterminada. Las metodologías internacionales de referencia, como el GHG Protocol o la norma ISO 14064, establecen reglas claras para definir qué incluir en tu huella de carbono organizativa y evitar errores en el reporte de emisiones.

Por qué esta decisión hay que tomarla antes de empezar a calcular

Al abordar la huella de carbono de una empresa o grupo con varias plantas, centros, unidades de negocio o filiales, definir los límites organizativos es la primera fase técnica de cualquier inventario de gases de efecto invernadero (GEI). Si este paso se pospone o se realiza sin un criterio metodológico claro, el proceso de cálculo posterior perderá validez, coherencia y comparabilidad a lo largo del tiempo.

Establecer desde el principio qué instalaciones o empresas entran en el cómputo condiciona de forma directa la recopilación de datos primarios. Determina a qué plantas se debe solicitar el consumo eléctrico, qué combustibles fósiles se registran o cómo se contabilizan los desplazamientos del personal y la logística entre sedes.

Modificar el perímetro organizativo a mitad de proyecto genera incoherencias en los históricos de emisiones, complica el seguimiento de los planes de reducción y puede invalidar una auditoría de verificación externa. Además, si el objetivo de la organización es reportar bajo normativas europeas (como la Directiva CSRD) o inscribirse en registros oficiales, aplicar un criterio incorrecto puede derivar en un reporte inconsistente o no homologado.

Las tres formas de decidir qué entra en tu huella de carbono

Al evaluar la huella de carbono de varias plantas o filiales, las normativas internacionales de contabilidad de emisiones ofrecen tres enfoques metodológicos para consolidar los datos de la organización. La empresa o grupo de empresas debe seleccionar un único criterio y aplicarlo de forma coherente a todas sus instalaciones y sociedades participadas, de tal manera que nada relevante quede fuera, y no haya emisiones que se atribuyan simultáneamente a dos centros de trabajo o empresas, generando una doble contabilidad o un error en los alcances.

1. Según quién controla el día a día

Este enfoque se conoce a nivel técnico como criterio de control operacional. Bajo esta modalidad, la empresa contabiliza el 100 % de las emisiones de aquellas plantas, oficinas o centros donde tiene la capacidad plena de introducir y aplicar sus políticas operativas, ambientales y de seguridad.

Si la organización gestiona la operativa diaria de una planta, sus emisiones de Alcance 1 (combustión directa, flota de vehículos, fugas de gases refrigerantes) y Alcance 2 (consumo de energía eléctrica y térmica) se incluyen íntegramente en el inventario del grupo. Por el contrario, si la empresa posee acciones de un centro pero no interviene en su gestión directa ni en sus procedimientos diarios, las emisiones de esa instalación no se computarán dentro de los Alcances 1 y 2, sino que pasarán a analizarse en el Alcance 3.

2. Según quién es el dueño mayoritario

Denominado técnicamente criterio de control financiero, este enfoque determina que la empresa debe reportar el 100 % de las emisiones de todas las instalaciones o filiales sobre las que ostenta el control económico. Esto ocurre cuando la organización tiene la capacidad de dirigir las políticas financieras y operativas del centro con el fin de obtener beneficios de sus actividades.

Por lo general, el control financiero coincide con poseer más del 50 % de los derechos de voto o la propiedad de la sociedad, aunque este también puede existir en determinadas situaciones en las que la organización no posee la mayoría del capital, pero sí tiene capacidad para dirigir las políticas financieras y operativas de la entidad.

 Si la empresa matriz ejerce el control económico sobre una filial, asume la totalidad de sus emisiones de GEI dentro de sus propios Alcances 1 y 2, independientemente de la autonomía operativa que pueda tener la dirección local de esa planta.

3. Según el porcentaje de participación en cada sociedad

El enfoque de cuota de participación (o equity share) distribuye las emisiones de manera estrictamente proporcional a la propiedad del capital social. La empresa contabiliza de sus Alcances 1 y 2 el porcentaje exacto de emisiones que coincida con su participación económica en cada sociedad o filial.

Si la compañía posee el 40 % de las acciones de una planta industrial, atribuirá a su inventario directo el 40 % de la electricidad consumida, el 40 % del combustible utilizado y el 40 % de cualquier otra emisión generada en esa instalación. Este criterio refleja de forma fiel el riesgo económico y la responsabilidad patrimonial de la empresa sobre las fuentes de emisión, aunque suele requerir un esfuerzo de gestión de datos más complejo.

Tres ejemplos sencillos para saber qué opción te corresponde

Para comprender cómo aplicar estos enfoques al calcular la huella de carbono de un grupo empresarial, conviene analizar casos prácticos habituales en el tejido industrial y corporativo.

Ejemplo 1: Empresa con dos plantas propias

Una compañía manufacturera posee la propiedad al 100 % de dos plantas de producción situadas en polígonos industriales distintos. Ambas instituciones comparten dirección, políticas de compras y procedimientos operativos.

En este escenario, los tres enfoques conducen al mismo resultado: la empresa debe incluir filiales en la huella de carbono u homologar ambas plantas al 100 % en sus Alcances 1 y 2. No existen diferencias en la consolidación, por lo que el cálculo sumará de forma directa los consumos de combustible, electricidad y emisiones de fugas de ambos centros.

Ejemplo 2: Empresa con una filial participada al 30 %

Un grupo empresarial adquiere el 30 % de las acciones de una sociedad logística. El 70 % restante pertenece a otros socios que gestionan el día a día de la flota de camiones y fijan las directrices económicas de la filial.

El tratamiento de las emisiones dependerá del criterio elegido:

  • Control operacional: Se reporta el 0 % en Alcance 1 y 2 de la matriz, ya que esta no dirige la operativa diaria. Las emisiones asociadas a esta inversión pasan a calcularse dentro del Alcance 3 (Categoría 15: Inversiones).
  • Control financiero: Se reporta el 0 % en Alcance 1 y 2 de la matriz, al no ostentar el control económico mayoritario. También computa dentro del Alcance 3.
  • Cuota de participación: La empresa matriz debe sumar exactamente el 30 % de todas las emisiones de la filial logística dentro de sus propios Alcances 1 y 2.

Ejemplo 3: Empresa en una joint venture (50/50)

Dos empresas crean una joint venture al 50 % para explotar una instalación energética. En los estatutos se acuerda que la primera empresa asume íntegramente la gestión técnica y operativa de la planta, mientras que la segunda actúa únicamente como socio inversor.

Si la primera empresa utiliza el enfoque de control operacional, consolidará el 100 % de las emisiones de la planta en sus Alcances 1 y 2, puesto que ejecuta las operaciones diarias. En cambio, si utiliza el enfoque de cuota de participación, sólo sumará el 50 % de las emisiones a su inventario directo, correspondiendo el otro 50 % a la empresa aliada.

Qué pasa si te equivocas o cambias de criterio más adelante

Elegir un criterio de consolidación inadecuado al abordar la huella de carbono de un grupo empresarial o modificar la metodología sin una justificación técnica fundamentada genera problemas en la gestión ambiental corporativa.

En primer lugar, alterar el perímetro organizativo de un año a otro rompe la comparabilidad de las métricas. Si un grupo empresarial reporta sus emisiones bajo control operacional durante un ejercicio y al siguiente cambia a cuota de participación, las variaciones registradas en la huella no reflejarán una reducción o incremento real de los gases emitidos, sino un mero cambio contable. Esto obliga a recalcular el año base (base year recalculation), un proceso laborioso que requiere rehacer inventarios pasados bajo las nuevas reglas.

En segundo lugar, presentar datos consolidados con criterios ambiguos puede suponer la no conformidad en procesos de verificación bajo las normas ISO 14064 o GHG Protocol. Las entidades auditoras evalúan que el límite organizativo esté definido de forma clara, documentada e inalterable sin motivos metodológicos válidos.

Por último, de cara a clientes, inversores o administraciones públicas, las variaciones injustificadas en los datos de emisiones restan credibilidad a la estrategia de sostenibilidad del grupo empresarial y pueden derivar en alegaciones por falta de transparencia en la información reportada.

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